Comedia negra

De cómo la crisis económica, se ha convertido en una crisis de identidad

Juan Echanove, (Madrid, 1 de abril de 1961) es colaborador habitual de Hora 25, programa que dirige Angels Barceló en la Cadena Ser. Juan interpreta al hermano de Antonio Alcántara (Imanol Arias), quizás, en la serie española que más éxito ha tenido en los últimos años: Cuéntame cómo pasó.

Esta serie permite hacernos una idea más cercana, a la generación que nacimos durante la democracia, de la resistencia y lucha encarnizada que nuestros padres, y sobre todo nuestros abuelos, mantuvieron para gozar de las libertades dignas de un mundo vanguardista. Sin ánimo de sonar catastrofista, tengo la sensación de que el Gobierno de Mariano Rajoy está pulverizando, paulatinamente, parte de estas libertades en los más de 100 días que lleva al frente del poder.

La crisis económica en la que Europa está sumergida, exceptuando los ególatras de Francia y Alemania, victoriosos de la III Guerra Mundial (esta vez financiera), se ha convertido en una crisis de identidad que parece no importarnos en la actualidad. Los espectáculos deportivos, Sálvame o la escasa profesionalidad de algunos colegas de mi profesión -véase la cobertura de determinados medios de comunicación en la Huelga General del pasado 29 de marzo- dan prueba de ello.

Juan Echanove

Es como una comedia negra cuyo guión Juan Echanove conoce al detalle. Por ese motivo, el ya veterano actor plantea, en su sección La Mirada de Hora 25, un buen número de condicionales para intentar entender el momento en el que vivimos. Entre ellos, destacan:

  • “Si reclamar los derechos más irrenunciables del individuo puede dar con tus huesos en la cárcel”
  • “Si se estigmatiza de forma más evidente a los homosexuales desde los poderes de la iglesia y hay que callarse”
  • “Si los abuelos del país van a tener que esconderse de un Fondo Monetario Internacional que van a perseguirles como cargas inasumibles para la nación por su pertinaje a la longevidad”
  • “Si todo lo público se convierte en privado y somos incapaces de gritar que es nuestro”
  • “Si los investigadores tienen que dejar de investigar, los pensadores dejar de pensar y los artistas dejar de crear”
  • “Si caes enfermo, no tienes dinero y nadie te lo presta y no te atienden de tu mal en el ambulatorio”

[…] “Si, en definitiva, todo lo que en casi 40 años hemos construido con el esfuerzo de todos acaba en el rastro y por piezas en el top manta, habremos llegado por fin al final del túnel”, comenta Echanove, a lo que yo llamo la comedia negra

Entre sus protagonistas, es necesario añadir la historia de Dimitris Christulas, un farmaceútico griego jubilado que se suicidó el pasado 4 de abril ante el Parlamento, situado en la plaza Sintagma de Atenas (Grecia). “No quiero dejar deudas a mi hija”, fueron sus últimas palabras. La muerte de Christulas ha puesto de manifiesto dos fenómenos cada vez más concatenados: la crisis económica y el incremento de las enfermedades mentales y los suicidios. Sin embargo, no hay que irse tan lejos para encontrar un caso menos dramático, pero también conmovedor. Hablo del publicista Alejandro Toledo, quien se encontró con un antiguo compañero de profesión que se dirigía a un comedor social. Después de esta experiencia, Alejandro realizó un spot gratuito para Cáritas para concienciar a la población de que, en la actualidad, cualquier persona puede pasar por esta situación.

El pueblo griego llora la muerte de Dimitris Christulas

En un curso de Marketing Relacional que realicé en MSL Formación en marzo de 2011, uno de los coordinadores, voluntario de varios comedores sociales, nos contó que, en estos sitios, te puedes encontrar a quien menos te los esperas. No tienen que ser necesariamente vagabundos o drogodependientes, sino gente trajeada o con cargas familiares.

Son personas para las que, según Juan Echanove, “la democracia es un lujo de ricos y el estado de derecho un estado de excepción“. “Nos querrán convencer de que todo esto es por culpa nuestra“, añade el actor, “cuando lo único que hicimos fue firmar un crédito porque hacerlo suponía ser moderno, europeo, solidario y constructor“. Lo que empezó siendo una crisis económica, acabará por convertirse en una torre de babel en la que no seremos conscientes que se desmorona cada día un poco más con nosotros dentro, intentando enfoscar grietas con aguapress aunque no son tales grietas, sino evidentes vicios ocultos de construcción y graves deficiencias estructurales“.

Los datos del paro y la inflación son muy preocupantes. Pero lo son más las decisiones que cada uno de los ministerios del Gobierno Español están tomando y que afectan a nuestra propia identidad, con recortes en sanidad y educación, policías que protegen al sistema y no a su pueblo, falta de rigor y dureza ante el despilfarro de la Monarquía…Y todo, en un año en el que se celebra, curiosamente, el segundo centenario de la Constitución de Cádiz (¡Viva la Pepa!) pero también, el primero del hundimiento del Titanic. Así vamos.

El arte de sonreír

En los últimos meses se ha especulado mucho sobre la Gioconda del Museo del Prado que ya descansa en las paredes del Louvre de París. Para unos, como mi buen amigo H., amante del buen arte, no es más que un fenómeno al más puro estilo “La nave del misterio” (un tema que, por cierto, Iker Jiménez cubrió hace poco en su programa). En mi caso, no deja de indignarme  la media sonrisa (¿o debería decir ilusión óptica?) que Leonardo da Vinci se empeñó en dibujar para la eternidad hace más de cinco siglos.

El arte es complejo, pero yo soy más para interpretarlo. Supongo que el arte, como la belleza, está en el cerebro de quien mira. Mis cuadros favoritos son dos. Uno, Los fusilamientos del 3 de mayo(Goya), cuadro al que entrevisté en primero de carrera en uno de los ejercicios creativos de Redacción Periodística y con el que crecí en la casa de Maeztu (Vitoria) donde veraneaba. El segundo es más abstracto, como los dibujos que hacía en clase cuando me aburría: Composición con rojo, amarillo y azul (Piet Mondrian).

¿Qué tienen ambos en común? Que me hacen sonreír. En cambio, la Giaconda sólo me hace dudar. Según el “Estudio sobre la felicidad en 2011” elaborado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, “dos de cada tres españoles se siguen declarando felices a pesar de la crisis”. No escribo este artículo para pediros que seáis felices, sino para exigir que sonriáis. “Sonreír, leo en un grupo de Facebook, no significa que sea feliz, significa que soy fuerte”.

La sonrisa de la Gioconda

La Gioconda no muestra esa sonrisa profident, sincera y segura que tan importante es en la actualidad. Históricamente, el hombre ha dejado su huella y prueba de existencia a través del arte: “el reflejo del mundo”, “la firma de la civilización”, recoge mi libro de frases célebres que compré de adolescente en el Alcampo. No es por menospreciar a sabios e intelectuales, pero quien es recordado en este mundo, al menos en el mío, es aquella persona que sonríe a pesar de las dificultades.

Esta máxima la he intentado cumplir a lo largo de toda mi vida. Pero ¿y los artistas? ¿Cómo influyeron sus estados de ánimo en sus respectivas obras? Cómo no me veía con fuerzas para entrevistar a Goya, decidí consultar a una persona más cercana, mayormente uno de mis mejores amigos. Según J. M. O., licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares y alumno del Máster en estudios avanzados en Historia del Arte Español (Universidad Complutense de Madrid), “cualquier artista expresa en su arte cada momento vivido. Hay unos que lo muestran más, como es el caso de Van Gogh, cuya vida fue algo desgraciada, y otros que se dejaban guiar por los temas influyentes de la época”. Como caso paradigmático destaca Caravaggio. Su obra, dramática e incluso cruel, ha sido achacada por muchos investigadores a su carácter casi asesino. Sin embargo, J. M. O., opina que, simplemente, “le gustaba pintar lo que pintaba”. “Creo que la vida influye puede influir en el artista, pero en general es la demanda la que incita a pintar unas cosas u otras”, sentencia el joven pero experimentado historiador.

Extrapolando este razonamiento a otros ámbitos, me pregunto si el hecho de sonreír influye en nuestra vida laboral, social y personal o es la sociedad la que, como ocurría con las obras de arte, demanda o incita a sonreír para ser recordado. ¿Cuántas obras se han perdido por no dar la suficiente libertad creativa a un artista? ¿No os cansáis de ver una y otra retratos de reyes y obras de connotación religiosa? 

¡Me encanta cuando un pato se sumerge en el agua!

Echad un vistazo a vuestro alrededor. ¿Qué opináis del típico/a amargado/a del trabajo que nunca os sonríe? ¿Y del rancio compañero de clase? ¿Creéis que alguien les echará de menos? No hay nada de malo en sonreír. La risa ayuda a eliminar bloqueos emocionales y físicos. No digo que os fuméis un porro ni que os pase como al filósofo griego Crisipo, el cuál murió de risa en el siglo II a. c. después de darle de beber vino a su burro y ver como el animal intentaba alimentarse de higos. Ese sí que hubiera sido un buen cuadro, je je.

Por eso, querida Gioconda, arriesgándome a pasar el resto de mi vida entre rejas, no me importaría darte unos retoques (arte) como hizo Mr Bean (risa) en su película. Qué ironía. El arte de sonreír.

No os perdáis a Mr. Bean en el museo:

La velocidad del tabaco

Una historia entre Marco Simoncelli, Antoñete y la vida

Vamos. Reconozcámoslo. Nos gustan las noticias que pertenezcan a la triada de las “tres eses”: sangre, sexo y sudor (deporte). Si no, ¿cómo se explica que las noticias más leídas sean la desgraciada muerte del piloto Marco Simoncelli, el juicio del caso Marta del Castillo o las meteduras de pata de los famosos en Twitter? No digo que no sean interesantes e impactantes, pero sirven de cortina de humo para otras que nos afectan aún más. Como dijo Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista estadounidense a quién admiro cada vez que le recuerdo, hay que controlar y distraer al “rebaño desconcertado”.

Por algo creé y creo en este blog, Lagunas del periodismo. Para reflexionar y aportar nuevas temas y nuevas perspectivas. Y en este artículo, en principio algo enrevesado, el protagonista será el tabaco, la velocidad del tabaco.

Cuando recibí la noticia del trágico accidente de Simocelli, gracias al móvil de Pablinaitor, estaba tomando unas cervezas postpartido con Parásitos, un equipo de fútbol algo caótico pero luchador al que tengo la suerte de pertenecer. Desde entonces, me reafirmé en la idea de que hay que amar mucho, muchísimo a las motos para tener el valor de montarse en una de ellas y circular ya sea en competición, como en la vida cotidiana. ¿Qué se siente? Velocidad, libertad, autonomía, poder. No lo sé, ni lo quiero comprobar. Respeto mucho a la carretera, como los motociclistas, indudablemente, pero por muchas hondas y suzukis que haya, veo a un vehículo inestable, inseguro y débil a cualquier impacto. Apunten la primera palabra clave: velocidad.

Marco Simoncelli

De ahí pasamos a Antoñete. No me gustan los toros ni lo que se hace con ellos, pero tampoco me considero un activista nato para erradicar este supuesto “arte”. Y es que, la muerte del torero Antoñete me hizo reflexionar. “Le mató el toro del tabaco”, leo en algunos periódicos. Era una escusa perfecta para incidir en los peligros del hábito de fumar, pero los medios de comunicación prefirieron recordar a Antoñete en sus mejores momentos, como un tipo increíble, ¡un maestro! En vez de un inconsciente que prefirió irse de este mundo por el simple hecho de fumar. Y perdón por lo de inconsciente. Apunten la tercera palabra: tabaco.

Como Antoñete, 55.000 personas al año fallecen en España (y 5 millones en el mundo) a causa de esta droga, dejando atrás familias, proyectos, futuro. Yo mismo no conocí a mi abuelo paterno, pues falleció en 1986 a los 57 años de edad. “Le ha matado el tabaco”, confesaron los médicos a mis padres.

Antoñete

Ya sé que no estoy descubriendo el mundo con estos datos. Pero una vez leí eso de que “no aprendemos nada nuevo, simplemente se recuerda”. Con esta máxima, es necesario concienciar que el tabaco representa un problema de salud pública por varias razones: produce daños a terceros (fumadores pasivos), ocasiona enfermedades, perjudica al medio ambiente (es curioso, pero nadie critica la tala de árboles en este sentido o el desecho de colillas) y supone un tremendo gasto económico.

¿No os dan ganas de pegar una bofetada a los niños-adolescentes para los que un cigarro es como una rama de bambú de tamaño para los adultos? Supongo que, en general, no. Y es que, como está demostrado, los primeros fumadores nacen a los 13 años, una edad en la que queda un patrón de conducta establecido: fumo. Y si no fumo tengo síndrome de abstinencia.

Títeres ante el tabaco

¿Cómo es posible que la industria tabacalera utilice alrededor de 84000 millones de dólares al año en publicidad? (5000 veces más del dinero del que dispone la Organización Mundial de la Salud en la lucha antitabaco). En el fondo, admiro a esta industria, una de las más poderosas junto con la armamentística, porque cuando le aprietan por un lado, como a un globo, se hincha por otro. Si le prohíben mostrar su producto en los medios de comunicación, acude a la publicidad encubierta o, por ejemplo, a los pitillos light, que, a pesar de contaminar lo mismo, llenan los bolsos de las mujeres, ya que el género femenino tiene una percepción del riesgo mayor que el hombre.

¿Qué se puede hacer contra un producto que tiene entre alrededor de 4500 sustancias? Pensar en el futuro. El tabaco ya no requiere un análisis de situación. Sabemos de él que es la droga más adictiva (con un 32%), que destroza familias y que da sentido a la existencia de la Neumología, una especialidad médica encargada del estudio de las enfermedades del aparato respiratorio que, sin embargo, los expertos se plantean cambiar por el término Tabacosis. La esperanza reside en aumentar el precio del tabaco (España es uno de los países de la Unión Europea donde se compra más barato), establecer leyes y más leyes para dificultar su consumo y mostrar a los políticos el movimiento social para recordar, constantemente, que en España muere una persona por fumar cada 6 horas: la velocidad del tabaco.

La vida es muy corta para acortarla. Apunten la tercera palabra: VIDA.

Los niños de 0 a 7 años aprenden muchos conocimientos y hábitos mediante la observación. Prohibir fumar en espacios públicos ha sido un gran paso. No se pierdan el siguiente video: 


Nuestra Obsolescencia Programada

En una sociedad menesterosa, exigente y en la que se quiere todo y ya, se espera a una población dinámica, activa e inquieta ante las circunstancias que nos rodean. Pero en España no ocurre esto. El ciudadano español es capaz de halagar y admirar a los egipcios y tunecinos que han derrocado sin excesiva violencia y con una gran movilización a las dictaduras que los recluían desde hacía décadas, pero no encuentra capacidad de reacción ante un 40% de paro juvenil (superando con creces la media de la Unión Europea) o a la incompetencia de todos los políticos del país, por ejemplo.

El pueblo egipcio se movilizó para derrocar a Mubarak

Aunque no es lo mismo comparar una dictadura con la tasa de desempleo, cada territorio tiene sus propios problemas y es necesario salir del estado de confort y de la resignada apatía en la que se encuentran los españoles para preguntarse a qué dirección se dirigen y si se están haciendo bien las cosas.

Sin embargo, la prensa rosa, los deportes, el ocio, el consumismo y todo aquello que contribuya a la evasión de los problemas del hombre hace que este pensamiento no sea generalizado. En su día, ya hablé de esto en un artículo denominado “Periodismo”.

Con este escrito, lo que se intenta es buscar respuestas a los porqués de la incapacidad de los españoles para protestar, salir a la calle y, sin violencia, pedir explicaciones al Gobierno de turno por vender la moto de que se saldrá pronto de esta situación. Más que nunca es necesario dejar aflorar nuestros pensamientos, darles voz fuera de una cafetería o discusión entre amigos o compañeros de trabajo resentidos con la meta de no repetir el fracaso de la huelga general en septiembre de 2010, en la que se esperaba una gran afluencia de personas.

El espíritu revolucionario de este servidor viene de reportajes como la “Obsolescencia programada”, cuyo contenido no hace más que acrecentar mis dudas sobre el excesivo conformismo de los ciudadanos, manejables como robots e ignorantes como un bebé al que le queda todo por aprender (grupo en el que yo me incluyo). Es un tema controvertido en el que he podido profundizar en el curso de Marketing Relacional de MSL Formación. Y es que, como los productos, el hombre está programado para que su conocimiento e inquietud tenga una fecha de caducidad cada vez más prematura. De ahí al término de Obsolescencia programada.

La fuente principal de este artículo es un documental emitido por Televisión Española y que enganchará desde el principió a aquél o aquella que de un simple clic con su ratón en el siguiente vídeo.

Para encontrar la primera víctima de la obsolescencia programada hay que remontarse hasta 1920, cuando se decidió reducir la vida de las bombillas a menos de 1000 horas; una estrategia -creada para incrementar las ventas- que Thomas E. Edison no pensó cuando lanzó a la venta este producto en 1871. De hecho, se ideó una bombilla de 100000 horas que nunca llegó a comercializarse.

Desde entonces, no importa la vida útil de los productos: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”, advertía un periódico estadounidense en 1928. Décadas más tarde, el diseñador industrial Boris Knuf aseguró que sin la obsolescencia programada no existirían los centros comerciales, pues “todos los trabajos desaparecerían”. Y bajo mi criterio, tenía razón. Es difícil garantizar la viabilidad de la economía sin este proceso; o si no, ¿qué ganancias obtendría un vendedor de televisiones o lavadoras si duraran más de 10 años como ocurría otrora?

Sin embargo, hay sociedades que sobrevivieron a la Obsolescencia Programada a lo largo del siglo XX. La economía Comunista, ineficiente y sin muchos recursos, no estaba basada en el libre mercado sino que era planificada por el estado. En este contexto, la Obsolescencia Programada no tenía sentido. “En la antigua Alemania del este, existían normas que dictaban que las lavadoras y las neveras debían durar 25 años”, comenta la narradora  del documental.

Pero en Occidente existía la convicción de que el crecimiento era el santo grial de la economía; el consumo tenía que crecer sin límites y aunque pudiera suponer frustrante para los ingenieros diseñar un producto peor que el existente, era una máxima que se debía de cumplir. Así ocurrió con las medias de nylon, diseñadas en 1940 que por su resistencia significaba un gran progreso para la mujer. Pero los fabricantes, necesitados de beneficios, decidieron crear fibras más frágiles que limitaran la vida útil del producto.

A pesar de estas evidencias, el consumidor no protestó producto del consumismo desenfrenado hasta la era de Internet, gracias al cual ha surgido un grupo de personas dispuestas a luchar contra la Obsolescencia Programada. Es el caso de la abogada Elisabeth Pritzker, que demandó a Apple por la corta duración de la batería del Ipod o de aquellos que estudian cómo alargar la vida de las impresoras diseñadas para fallar (creando un software, reseteando un determinado chip…) ignorando el consejo de los vendedores de comprar otra unidad al más mínimo fallo.

Las impresoras están diseñadas para fallar gracias a un chip

Pero quizás, la personas más afectadas son las que tienen que convivir con los residuos tecnológicos. Y es que los países desarrollados, con la excusa de calificar a estos productos de segunda mano, abandonan ordenadores estropeados, televisiones viejas o radios inservibles en países como Ghana; causando un gran daño a sus habitantes y al medio ambiente. El mundo ecológico no existe para los negocios.

Son razones suficientes para apoyar el cambio de mentalidad y paradigma que muchos intelectuales plantean desde hace años bajo el nombre de “Decrecimiento”, un término provocador que intenta romper con el discurso del crecimiento viable, infinito y sostenible para reducir nuestra huella ecológica, el despilfarro, la sobreproducción y el sobreconsumo.

Las premisas del decrecimiento renace la visión de Ghandi, el humanismo personificado: “El mundo es lo suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos”.

Una vez entendida la Obsolescencia Programada y su relación con la apatía y conformismo de los españoles y muchos europeos ante la situación actual, cabe preguntarse si noticias como esta (publicada el pasado 13 de marzo en El País): “Decenas de miles de jóvenes marchan contra la precariedad en Portugal. La movilización de la generación desesperada es la mayor desde 1974″ o reflexiones como esta suponen el inicio de algo más que murmullos y vagos comentarios.

La decisión final, como sucedió en Túnez o Egipto, está en nuestras manos. En el pueblo.

Enigmas

La incertidumbre no ha sido una buena pareja de baile del hombre desde sus orígenes: provoca estrés, sufrimiento y a veces desesperación. Hablamos de la falta de certeza de algo, como el futuro económico de un país, la nota de un examen o el análisis médico de una persona en concreto que nos convierte en seres inseguros y débiles.

Sin embargo, al igual que toda crisis es un riesgo pero una oportunidad de cambio, la incertidumbre representa una herramienta para mantenernos alerta, como los millones de búfalos, cebras o antípodes que cada segundo se sienten amenazados por los depredadores más peligrosos. La madre naturaleza, un concepto amplio y ambiguo que nos impresiona desde hace siglos pero que también nos preocupa; como el cambio climático, del que se habla mucho pero se hace muy poco en la sociedad actual.

En el noveno artículo de Lagunas del periodismo trataremos los enigmas y misterios resueltos y por resolver, sin ánimo de hacer competencia a Milenio 3, entrar en el mundo del tarot o viajar por una máquina del tiempo inventada por el hombre en su propia imaginación.

La vehemencia por el pasado

Empezaré por un viaje que hice con la Facultad de Historia de Alcalá de Henares a las cuevas del Cantábrico en el pasado mes de abril. Los lienzos rocosos de la cueva de Tito Bustillo o Covalanas me hicieron reflexionar sobre la posible frustración que padecen aquellos que se dedican a la prehistoria; aquellos que excavan durante semanas, meses e incluso años sabiendo que quizás nunca encontrarán nada. Estíbaliz, una joven estudiante con conocimientos sobre este tema, me dijo que ahí radica el encanto, en desvelar los misterios que esconde la superficie terrestre.

Pero yo no me conformaba y para aliviar mi inquietud impúdica pregunté a Charo (otra estudiante de historia muy experimentada) sobre el mejor descubrimiento de la historia. Ella no dudó en señalar a los Guerreros de Xian. Tuvo lugar en 1974, cuando unos campesinos que buscaban agua cerca del monte Li (China) encontraron fragmentos de una estatua pequeña de terracota que dieron paso a los 7.000 guerreros que montaban guardia en el mausoleo del emperador Qin Shi Huandi. Hace un mes, el equipo arqueológico de los Guerreros de Terracota de Xian ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Lo que empezó siendo una leyenda culminó con un hallazgo que engrandece una disciplina fascinante y necesaria para recordar quienes fuimos: la Historia.

Los Guerreros de Xian

Mientras los Guerreros de Xian reposaban en soledad bajo tierra, Tutankamón fue despierto de su sueño eterno en el Valle de los Reyes (Egipto) por Howard Carter y su equipo en 1922. El 4 de diciembre del presente año, el diario El País publicó un interesante artículo en el que, a través de una página Web (http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4tut.html), podíamos acceder a todos los documentos y fotografías de un  hallazgo magnífico y maldito, pues la expedición inglesa, liderada por Carter, sufrió un sinfín de desgracias tras el descubrimiento. De hecho, en 1935, la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón era superior a 20. Un egiptólogo afirmó haber descifrado la inscripción de la tumba en 1923 que decía así: “La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquél que se atreva a violar esta tumba”. Sin embargo, dicha inscripción no pudo ser encontrada púes el muro donde residía fue derribado por el equipo del famoso arqueólogo. Un guión de película.

Hablando de inscripciones, a 40 kilómetros de Santiago de Compostela hay un pueblo que todo peregrino del Camino debe visitar, como hicimos mi compañero y yo en Agosto. Se llama Melide, donde dicen que está el mejor pulpo de Galicia y cuyas calles peatonales y frescura rural invitan a pasear sin rumbo. Conversando con dos jubilados del pueblo, nos dijeron que si descifrábamos la inscripción de una pequeña parroquia del pueblo “nos daban todo su dinero”. Mi amigo Eduardo, estudiante de historia y amante de las aventuras, lo intentó en vano. “Nadie lo ha hecho”, comenta uno de los ancianos. Este hecho acrecentó mi interés por los enigmas sin resolver.

El misterio de Melide

Tras este paréntesis y finalizando con el antiguo oriente,  la construcción de las Pirámides de Egipto, tan oscuras como majestuosas, representa uno de los mayores misterios de la humanidad bajo mi criterio. ¿Cómo se elaboraron y transportaron las piedras de estos monumentos sin los medios actuales?, ¿Cómo se pudo alcanzar una precisión y alineación tan perfecta y extrema? Aunque son muchas las teorías sobre este tema, no me atrevo a profundizar en las Pirámides hasta que no las vea con mis propios ojos. Y es que llevo la cultura egipcia en mis venas gracias al tatuaje de la llave de la vida.

La historia y la arqueología, dos disciplinas que han dejado un legado enorme en misterios descubiertos y por descubrir.

El presente y el futuro: la otra vida y la lucha contra la muerte

Desde sus inicios, la industria literaria y cinematográfica apostaron por el suspense como uno de los géneros más importantes en sus proyectos. Hoy lo vemos en las películas de Hitchcock, en libros como El Código da Vinci, o incluso en las telenovelas. La intriga, el suspense y la incertidumbre nos atrapan, una relación que  el filósofo norteamericano Noël Carroll explica a la perfección con la siguiente paradoja: “Conceptualmente, el suspense implica incertidumbre. La incertidumbre es una condición necesaria para que haya suspense. Cuando se elimina la incertidumbre de una situación, el suspense se evapora”.

Dicho esto, si la Prehistoria y los orígenes del hombre representan un misterio muy atractivo aún lo es más nuestro futuro, por el que podemos pronosticar y nunca se sabe si acertar; algo que puede llegar a desesperar en una sociedad donde lo queremos saber todo y de forma instantánea.

Esto conduce a hablar de dos temas: el espacio y la muerte. Sobre éste último, el gran escritor José Saramago hizo un espléndido relato con “Las intermitencias de la muerte”, en el que la gente deja de fallecer en un país cuyo nombre no es mencionado a lo largo de la obra. Se trata de la mayor utopía del hombre con la que lleva luchando durante siglos. No en vano, y volviendo a la cultura egipcia, la fe en la inmortalidad de los dioses y faraones supuso que se practicara el embalsamiento y la momificación.

Las intermitencias de la muerte

En pleno siglo XXI no hay más remedio que conformarse con los avances de la ciencia y con el progreso extraordinario del hombre que aspira a alargar y mejorar lo más posible su vida y bienestar.

Con ese fin, el biólogo inglés Aubrey de Grey aseguró a la agencia EFE en octubre que “el hombre vivirá mil años”. Y todo gracias a la medicina regenerativa, una rama de la bioingeniería que se sirve de la combinación de células, métodos de ingeniería, bioquímica y fisioquímica para mejorar o sustituir funciones biológicas. “Aplicar esta medicina al envejecimiento significa, sencillamente, reparar el daño acumulado durante la vida”, explica el científico añadiendo que “la inmortalidad es un absurdo porque supone reconocer la inexistencia del riesgo de muerte”.

De Grey opina que no se investiga lo suficiente en la prolongación de la vida

Por ahora, los investigadores españoles y del resto del mundo combaten el envejecimiento experimentando con animales, como analizando las células de los animales más longevos (ballenas, murciélagos) o aumentando un alto porcentaje la esperanza de vida en los ratones.

Aunque conseguir la inmortalidad es un tema casi de ciencia – ficción, Manuel Serrano, director del grupo de supresión tumoral del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) explicó en el diario Público que será posible en un futuro con un gran ejemplo: “Henry Ford empezó en 1900 a hacer coches con un periodo de garantía, para que duraran 10 años, pero no más. Pensó: “¿Para qué voy a hacer piezas perfectas si este coche no lo va a usar nadie dentro de 50 años?”. Así es como estamos hechos nosotros. Ahora existen coches Ford de 1900, pero eso ha supuesto un esfuerzo constante del coleccionista para cambiar piezas. El día en que sepamos reparar y regenerar nuestros órganos será diferente. Que falla el hígado, se regenera el hígado. Que falla el corazón, se regenera el corazón. Es una cuestión de ir reparando piezas. Hoy no sabemos reparar y regenerar, sabemos hacer trasplantes, pero no rejuvenecer un órgano. Y no dudo que se podrá hacer en el futuro”.

¿Se imaginan que el hombre consiguiera el elixir de la vida? ¿Qué supondría para la sociedad? Hablamos de un enigma del que podríamos escribir hojas y hojas.

Lo mismo ocurre con la astronomía y la exploración espacial. La última edición de El País Semanal (11 de diciembre) ofrecía un reportaje interesante en el que aseguraba que, Barack Obama, Presidente de Estados Unidos, quiere que la industria privada lleve material y astronautas a la estación espacial para que la Nasa se centre en la exploración del espacio. Además, la famosa agencia gubernamental redactó sus nuevas y ambiciosas prioridades, como un viaje tripulado a un asteroide cercano hacia 2031, una misión para volver a la Luna y orbitarla, una tripulación a los satélites de Marte y por supuesto, un prometedor viaje al planeta rojo.

¿Estamos solos en el Universo?

Cada vez son más modernas las tecnologías que determinados astrónomos utilizan para obtener señales de vida de una hipotética civilización extraterrestre; una labor que recuerda a aquellos que se dedican a la pesca, dotados de una paciencia infinita. Sin embargo, en este caso no se consigue llenar la “red”, lo que puede suponer una gran frustración. Así que las investigaciones se centran en los elementos que podrían hacer vida fuera de la Tierra, como el agua, células, moléculas orgánicas…De hecho, científicos de la Universidad de Edimburgo afirmaron hace un año que existen en la Vía Láctea al menos unos 40.000 planetas aptos para la existencia de vida extraterrestre. Otros investigadores como Paul Davies, de la Universidad de Arizona, piensan que no hace falta viajar al Espacio para saber si estamos solos en el Universo, pues esos seres pueden estar “bajo nuestras narices. “La mayor parte de los seres vivos son microbios y mirándolos no podemos estar seguros de si son ‘nuestros’ o alienígenas», teorizó.

Para finalizar con esta larga reflexión, podríamos añadir los posibles progresos y proyectos de las potencias mundiales que no muestran al público, indefenso ante su inmenso poder y que sólo puede esperar para compartir y decir que ha vivido momentos históricos como el descubrimiento de Tutankamon en 1922, el primer trasplante de un órgano vital en 1954 o el viaje a la Luna en 1969. Todo es posible.

La historia se escribió en los diarios

A lo largo del año son frecuentes los homenajes realizados en Alemania, Normandía y otros lugares del mundo que sufrieron las durísimas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no se escucha lo suficiente a las víctimas del mayor conflicto bélico de la historia; unas víctimas que dejaron su sello en sus diarios personales (o posteriores autobiografías), pues no gozaban de la libertad actual para expresar sus opiniones, sentimientos, miedos o inquietudes. Era el caso de la Alemania nazi, que organizó una espléndida propaganda científica que requerirían muchos artículos aparte.

Pero de eso ya se ha escrito mucho y año tras año los profesores de colegios, institutos y universidades se encargan de recordarlo. Sin embargo, tan importante es no olvidar como conocer y qué mejor forma de aprender historia que invadir por un momento la intimidad de personas que convivieron en un campo de concentración, se escondieron durante meses de la Gestapo o escucharon las bombas y disparos que hacían peligrar su vida en cada segundo.

Es el caso de Anna Frank, Primo Levi y Petter Moem, tres personas que nunca se conocieron entre ellas y quizás ni a sí mismas. Ellos serán los protagonistas del tercer artículo de Lagunas del periodismo.

Empecemos por Primo Levi. Nacido en Turín (Italia) en 1919, Primo se licenció en Química en 1941. Su condición de judío le supuso ser entregado a la Gestapo e internado en el complejo de campos de concentración más grande del régimen nazi: Auschwitz (Polonia), en el que estuvo internado desde febrero de 1944 hasta la liberación del mismo en enero de 1945, cuando las tropas rusas llegaron en Polonia.

Auschwitz

Desde su retorno a Turín en 1945, Primo Levi quiso compartir con el mundo su trágica experiencia con entrevistas, conferencias y sobre todo con varios libros autobiográficos. La diferencia de este personaje con Anna Frank y Petter Moem es que no disponía de papel para plasmar sus impresiones, sentimientos, vivencias…pero gracias a sus conocimientos y gran memoria, Levi escribió en 1946 una obra imprescindible: Si esto es un hombre; aunque no llegó a publicarse con una gran editorial hasta 1956, cuando el público se empezó a interesar por el exterminio judío.

Podría decir que el libro explica las condiciones de Primo y los demás compañeros en Auschwitz, los tipos de prisioneros, los funcionarios, el día a día…pero prefiero adjuntaros un párrafo de la página nueve que incite a la reflexión y a la lectura de esta maravillosa obra:

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Primo Levi

Levi escribió otras piezas como La tregua (1963), en la que narra su regreso a pie desde Auschwitz hasta Turín o Los hundidos y los salvados (1986), un análisis del universo de los campos de concentración que significó su última obra.

El 11 de abril de 1987, Primo se arrojó al vacío por el hueco de la escalera de su casa en Turín y aunque el juez dictaminó tal acción de suicidio, algunos de sus íntimos y diversos biógrafos lo siguen cuestionando. El mismo día de su muerte, la viuda del escritor comentó que “estaba cansado de la vida”. Los apasionados de la historia, aquellos que deseen conocer los límites del hombre o simplemente leer un buen libro nunca se cansarán de sus obras.

Petter Moen y Anna Frank, a diferencia de Primo Levi, escribieron sus diarios pero nunca los vieron publicados.

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