Espermatozoides y yayitas de manzana

Madrid Directo es un programa que ha aportado mucho a la televisión. Aún recuerdo esas tardes otoñales en las que, con mis yayitas de manzana, merendaba mientras escuchaba la voz de Inmaculada Galván.

Por entonces, yo no sabía que iba a estudiar periodismo y ni siquiera conocía exactamente en que consistía esa profesión, por mucho que leyera el Marca en verano, escuchara Carrusel Deportivo o cenara con Ernesto Sainz de Buruaga en los informativos de Antena 3.

Por hoy, en 2011, todo ha cambiado un poco. Inmaculada se fue de Telemadrid, Buruaga presenta “Así son las mañanas” en la cadena COPE y el equipo de Carrusel liderado por el gran Paco González y Pepe Domingo Castaño también se ha pasado a la cadena de los obispos. Pero algo sigue igual, el interés que tengo en vivir todas las cosas en primera persona y no perderme cualquier situación que pueda servir de aprendizaje.

Por eso, en plan periodista de Madrid Directo pero sin yayitas de manzana, me fui a una clínica de fertilidad para grabar, junto con mis compañeras de trabajo, un video promocional para el cliente con el que estábamos trabajando en nuestra agencia de comunicación.

Yayitas de manzana

Siempre quise ir a una clínica como esta. Hay pocas series de televisión que no hayan rodado una escena en la que el protagonista quiere donar su semen a cambio de dinero. Lo hizo Gorka (Adam Jezierski) en Física o Química y creo recordar que Raúl (Alejo Sauras) en Los Serrano. Ahora me tocaba a mí…

Pero como periodista. Me ofrecí voluntario para hacer de donante fictício en el video. En primer lugar, rodamos una escena con un médico que me informó sobre los requisitos para donar semen. Y ojito que aquí no vale cualquiera. Para empezar, necesitan una muestra para analizar el estado de salud del semen (alrededor del 15% de los donantes pasan la prueba), después un análisis de sangre para descartar cualquier enfermedad o condición que pudiera perjudicar el posible feto (como tener más de cuatro dioptrías de miopía) y finalmente un test psicológico. Además, se requieren al menos cuatro días de abstinencia sexual y una vez que tus espermatozoides han servido para el nacimiento de 6 vidas, no puedes volver a donar. ¿La recompensa? 50 euros a la semana (lo que haría un total de 250 – 300 por esta experiencia) y la sensación de haber colaborado con la humanidad.

Pero para colaborar, para donar por placer (nunca mejor dicho), hay que pasar por un proceso algo extraño en “la salita del futuro”. Ahí rodamos la segunda escena del vídeo. Era una sala más pequeña que cualquier baño de vuestra casa, con una televisión que yo confundí con un espejo, un retrete, un inodoro típico de los aseos públicos y una pila de baño. A esto hay que sumarle una docena de revistas porno desfasadas y poco excitantes y una ranura por la que, como sucede en algunos hoteles para tirar la ropa sucia, depositas la muestra de tu semen que el laboratorio recibe a 37 grados.

La salita del futuro no me trajo buenas sensaciones: “Yo aquí no me concentraría, no hay ventilación, hay mucha luz y todo es de color blanco plateado”, dije al médico. Y éste contestó: “Se me olvidó decirte que el bote lo tienes que llenar entero”, “¿Entero? pero ¿quién consigue eso en unos minutos?”, dije con asombro. “No hombre. Me refería a que no puedes echar nada fuera del bote para que la muestra sea válida”, aclaró el médico. Una vez más, mi inocencia me jugó una mala jugada, aunque las risas estuvieron garantizadas durante todo el día. Por si fuera poco, una de mis compañeras se preguntó las razones por las que no tenían revistas para homosexuales y me dijo, bromeando, por qué no hacía algo que en casa  “lo haría gratis”.

Eso pensé yo. Pero cuando estuve apunto de dar mis datos al médico para pasar de periodista a donante oficial, me lo pensé dos veces. No fue por temor a que la clínica no garantizara la confidencialidad de mis datos, pues asegura el anonimato del donante de esperma y de la persona receptora del mismo, sino porque me gustan los niños. Imagino como sería criarlos, sentir su calor, su cariño, ver mi rostro reflejado en ellos y algún día, algún día, merendar juntos yatitas de manzana.

Cuando las víctimas son ellos

En lo que va de año han muerto 32 mujeres por violencia de género, 7 más que en 2009 por estas fechas. Desgraciadamente, es extraño que en la escaleta de un telediario o en cualquier medio de comunicación no exista un espacio reservado para este problema social; pero la información no siempre es completa y plural, pues según el juez Francisco Serrano, quien ha recopilado noticias de prensa en los dos últimos años, al menos 31 hombres han sido asesinados por su pareja entre 2008 y 2010.

En efecto, se trata de un porcentaje reducido que no ha tenido la suficiente cobertura informativa ni la representatividad requerida en las estadísticas oficiales del Ministerio de Igualdad. Creado en 2008 durante la legislatura del actual Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, este ministerio contempla en sus informes anuales sobre los datos de la violencia de género la nacionalidad de la víctima, la edad, la convivencia, relación, ámbito geográfico e incluso el suicidio del agresor, pero en ningún caso el sexo de la persona fallecida.

Y es que al hablar de este tipo de violencia a nuestra mente se viene la imagen de la mujer como víctima, ya sea porque el hombre tiene mayor fortaleza física o porque las agresiones son más habituales del género masculino al femenino.

Cuando sucede todo lo contrario los medios de comunicación nos informan que la supuesta culpable sufría agresiones por parte de la víctima, pero también hay que  centrarse en los recursos psíquicos y emocionales que algunas mujeres emplean para infligir un maltrato psicológico hacia su pareja o ex pareja. Las encuestas realizadas por el Instituto Nacional de la Mujer recogen una serie de afirmaciones para confirmar esta reflexión. Algunas de ellas son habituales en muchos hogares, como el hecho de impedir ver a su familia o amigos, enfadarse sin que se sepa la razón, no hacer caso a sus opiniones o decir cosas delante de los hijos para no dejar al padre en buen lugar o privarle directamente de los mismos.

Sin embargo, la mayoría de los hombres maltratados no se atreven a denunciar ni consultar abogados por la vergüenza que sienten al hacer público el caso, sea por machismo o porque están más indefensos respecto a la ley y la sociedad en la que, según afirman diversos psicólogos y terapeutas, la mujer adopta el papel de víctima.

Así pues, las mujeres están más protegidas ante la legislación tras la creación de la Ley de Violencia de Género de 2004, pues sólo les ampara a ellas en caso de que sean agredidas por un hombre sin proteger el resto de combinaciones, incluido el colectivo homosexual.

A lo largo de la historia la mujer se ha encontrado en desigualdad con respecto al género opuesto, pero en casos como éste la balanza se ha inclinado hacia ellas. En la lucha por conseguir el equilibrio nada mejor que respetar una de las numerosas perlas cultivadas del poeta, dramaturgo y novelista francés Víctor Hugo: “La primera igualdad es la equidad”.

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